jueves, 9 de marzo de 2017

La Guerra Civil Española



EL DESTAPE DE LA CULTURA ESPAÑOLA

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      A lo largo de 1975 y coincidiendo con la transición, la libertad creativa en España comenzó a florecer pese a que aún tuvo que combatir con los últimos coletazos de la censura. De este modo, por primera vez en la historia del cine español comenzaron a proliferar una serie de películas enmarcadas dentro de un subgénero denominado el destape. Se trataban de una serie de películas dramáticas o cómicas en las que se incluían escenas eróticas de desnudos femeninos (unas veces totalmente gratuitas). Muchos de estos títulos lograron convertirse en grandes éxitos comerciales, representando toda una novedad para los espectadores españoles de entonces.
 
     El término destape se dio a conocer a través de los medios de comunicación poco tiempo después de la muerte de Carrero Blanco, cuando la censura franquista empezó a bajar la guardia. Cargado a menudo de connotaciones peyorativas, el destape sirvió para designar la tímida aparición del desnudo en manifestaciones culturales tan diversas como el cine, el teatro o la fotografía durante los últimos años del franquismo y los primeros de la transición democrática. Hay que recordar, por ejemplo, la polémica que generó sobre los escenarios teatrales el seno descubierto de Victoria Vera en ¿Por qué corres, Ulises? También conviene recordar la importancia en la consolidación del "destape" de ciertas revistas como Fotogramas, Diez Minutos, Guadiana, Personas, Stop, Matarratos, El Papus, Papillón, Play-Lady, Flashmen o Bocaccio.

     De todas ellas, la revista Interviú fue la que provocó mayor algarabía al conseguir publicar reportajes de desnudo de actrices muy populares, como Marisol o Amparo Muñoz. Por aquel entonces, el desnudo fotográfico era casi una exigencia a la que se debían plegar nuestras actrices, tanto las nuevas figuras como las ya consagradas, para promocionar su carrera o demostrar que estaban liberándose  del enojoso pasado.

     El desnudo también se convirtió en una exigencia en el cine, después de cuarenta años en blanco y negro. Ante la avalancha de películas eróticas que se produjeron en España a finales de los setenta, muchas actrices intentaron mantener un cierto decoro afirmando que sólo se desnudaban por exigencias del guión.  Y el guion siempre lo exigía.

     Al igual que había sucedido en otros países europeos a principio de la década de los setenta, España vivió una intensa fiebre erótica en las pantallas cine desde un par de años antes de la muerte de Franco hasta el final de la transición democrática. Pese a sus caracteres timoratos y dubitativos, las Normas de Calificación de Películas, promulgadas en febrero de 1975, permitieron el desnudo siempre que respondiese a "necesidades del guión" y "no conturbase al espectador medio". La conturbación, delicioso eufemismo con el que se pretendía sustituir a una actividad más física y placentera, era una de las principales obsesiones de los censores.

     El orificio abierto por esta normativa, reforzada posteriormente por la supresión de la censura de guiones de febrero de 1976, permitió que se estrenasen películas con una carga erótica cada vez más evidente. Aunque ya había algún antecedente de película de "destape", como la insólita Juventud a la intemperie (1961), y desde finales de los cincuenta se producían películas con doble versión (con desnudos para el mercado internacional, censurada para el nacional), el cine español empezó a descubrir progresivamente la desnudez, desde el pecho de Carmen Sevilla en La loba y la paloma (1973) hasta el desnudo frontal de María José Cantudo en La trastienda (1975) y el trasero de Patxi Andión en El libro del buen amor (1974). A finales de 1977, cuando se abolió definitivamente la censura y se estableció la clasificación "S", los españoles ya habían terminado de descubrir la anatomía humana (cabeza, tronco y extremidades) en las salas de cine. Fue un descubrimiento realizado a marchas forzadas y con cierto atolondramiento. 


     La eclosión del
destape  sirvió para promocionar una nueva generación de actrices que alcanzaron pronto la consideración de mitos eróticos, gracias a la liberalidad y falta de prejuicios con la que se quitaban las bragas por exigencias del guión o por el pago de un talonario. En la extensa nómina de actrices vinculadas al destape  figuran Agata Lys, Nadiuska, Bárbara Rey, María José Cantudo, Victoria Vera, Susana Estrada, Blanca Estrada, Mirta Miller o Azucena Hernández, entre muchas otras. Algunas de ellas, tuvieron una fama efímera y cayeron en el olvido cuando descendió la fiebre erótica en los primeros años ochenta. Otras, sin embargo, consiguieron proseguir con su carrera de actriz y demostrar que tenían verdadero talento dramático más allá de su primigenia condición de mito erótico. 

Emily Boxil

Referencias:

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