domingo, 1 de marzo de 2015

La Guerra Civil española

Sinead Pulido/ Evany Trujillo


La internacionalización del conflicto

Wanda Verde

Si bien es cierto que la guerra comenzó como un conflicto interno "nacido en suelo español y a la manera española" (en palabras de Salvador de Madariaga), no pudo mantenerse ajena al entorno internacional debido a sus propias raíces ideológicas. Ambos bandos reclamaron inmediatamente apoyos de otras potencias extranjeras, según el panorama existente en la alineación del mundo en la década de 1930, hasta el extremo de que algunos vieron en el conflicto un prólogo de un nuevo enfrentamiento mundial. Si no lo fue, al menos consiguió implicar a la mayoría de partidos políticos y potencias europeas. Hoy nadie pone en duda que la intervención extranjera contribuyó tanto a prolongar la contienda como al futuro del “Movimiento Nacional”. La primera fase de urgencia (julio-agosto de 1936) llevó, por un lado, al gabinete presidido por Giral a solicitar el auxilio del gobierno del Frente Popular francés (presidio por el socialista León Blum) y, por el otro, a los rebeldes a concretar el inicial apoyo prestado por Italia (gobernada por Benito Mussolini) y Alemania (con Adolf Hitler en el poder).

El Frente Popular español contó con el apoyo primigenio de Francia, México y la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS). Sin embargo, el temor del gobierno francés a crear una situación conflictiva en todo el continente frenó su ayuda y se acogió a la política de no intervención que, propugnada por el gobierno británico, asimismo acabaría aplicando la Sociedad de Naciones. Francia cerró su frontera a la entrada de material bélico destinado a cualquiera de los contendientes, con lo que en realidad perjudicó notablemente al gobierno republicano. Por su parte la URSS, gobernada por Iósiv Stalin, tras comprobar la participación activa y directa de italianos y alemanes, rechazó la política de no intervención. Su apoyo resultó fundamental en blindados, aviones y equipos de asesores militares. En tanto que los rebeldes recibieron aviones, armamento y combatientes de Italia y Alemania (valga como ejemplo la Legión Cóndor), así como la ayuda de los voluntarios portugueses, enviados por el gobierno encabezado por Antonio de Oliveira Salazar, además de otras colaboraciones.
La LUFTWARE? (fuerzas aéreas nazis) incorporó a sus tácticas las enseñanzas de la guerra y fueron empleadas con éxito en las primeras fases de la guerra mundial. Entre sus pilotos aprendieron el oficio en España grandes figuras como Adolf Galland y Werner Moelders.
Entre los auxilios recibidos por el gobierno republicano merecen recordarse las Brigadas Internacionales: la III Internacional (también conocida como Komintern) creó un comité internacional para organizar a sus miembros, que contó con la participación de los dirigentes comunistas Palmiro Togliatti y Josip Broz (Tito). Participaron en ellas voluntarios de distintos países movidos por sentimientos antifascistas, cuyo número es difícil de precisar (tal vez, unos 40.000) a causa de los relevos producidos en sus filas durante el transcurso de la guerra. El centro de reclutamiento estuvo en París y entre sus gestores cobró especial relieve el dirigente comunista francés André Marty. Los primeros brigadistas llegaron al puerto español de Alicante en octubre de 1936 para continuar hasta Albacete, en donde se formó la XI Brigada, que pronto participó en la batalla de Madrid. Su intervención al lado de la causa republicana duró hasta noviembre de 1938.
En medio de todo este proceso destacó de manera especial lo que se conoció como la política de no intervención asumida por la Sociedad de Naciones, que, en principio, suponía la prohibición de exportar cualquier material de guerra, sin más compromisos por parte de los gobiernos. En septiembre de 1936 nació en Londres el Comité de No Intervención, integrado por los embajadores residentes en la capital británica con el objeto de reducir el conflicto al ámbito nacional. Sin embargo, a la vista de las numerosas violaciones del compromiso, las medidas adoptadas por el Comité de No Intervención no resultaron efectivas y, desde luego, no impidieron que las potencias extranjeras apostaran por uno u otro contendiente, si bien la mayor beneficiada de la actitud de las democracias occidentales acabó siendo la causa franquista, auxiliada de forma reiterada por las potencias del Eje, resultando letal asimismo para el gobierno republicano.
Por lo que se refiere al apoyo soviético, la financiación de los suministros bélicos entregados al gobierno republicano se relacionó con las reservas del Banco de España. Dos terceras partes del oro guardado en el banco nacional salieron hacia Moscú, en concepto de depósito primero, y como pago por aquellos suministros posteriormente. El famoso “oro de Moscú” sería un asunto controvertido y utilizado como propaganda por el gobierno franquista. Mientras éste recibió a crédito suministros alemanes e italianos, que fueron abonados en parte después de finalizar la guerra, el gobierno republicano agotó las reservas para pagar la ayuda soviética.
Estuvieron en España como asesores militares hombres que más tarde fueron la elite del ejército ruso en la II Guerra Mundial tales como Rodimsev, Paulov, Koniev, Malinowski Y Zukov.
                 


CONSECUENCIAS BÉLICAS

La principal consecuencia de la Guerra Civil española fue la gran cantidad de pérdidas humanas (tal vez más de medio millón), no todas ellas atribuibles a las acciones propiamente bélicas y sí muchas de ellas relacionadas con la violenta represión ejercida, si bien la represión en el
lado franquista era patrocinada por las autoridades, en el lado republicano, respondía a la pasión popular mal interpretada. Asimismo la represión franquista no remitió al final de la guerra y continuó hasta los últimos días de la dictadura. Se puede considerar como consecuencia destacada el elevado número de exiliados producidos por el conflicto, algunas de cuyas principales figuras políticas constituyeron durante muchos años el gobierno republicano en el exilio.
Evidentemente además de las consecuencias humanas anteriormente descritas, la consecuencia política es de una magnitud impresionante puesto que viene a significar el final de un periodo democrático jamás visto antes en este país para ser sustituido por una dictadura sangrienta y represiva, que se prolongará cerca de medio siglo. Esta dictadura además supondrá un freno a la cultura y la intelectualidad de este país.
En lo que respecta al aspecto económico, las consecuencias principales fueron la pérdida de reservas, la disminución de la población activa, la destrucción de infraestructuras viarias y fabriles, así como de viviendas —todo lo cual provocó una disminución de la producción—, y, en fin, el hundimiento parcial del nivel de renta. La mayoría de la población española hubo de padecer durante la contienda y, tras terminar ésta, a lo largo de las décadas de 1940 y 1950, los efectos del racionamiento y la privación de bienes de consumo.



Francisco Franco

Causas de la Guerra Civil española

Juan Cedeño


INJERENCIA EXTRANJERA EN LA GUERRA CIVIL ESPAÑOLA

Carlos Blanco

      AYUDA A LOS NACIONALISTAS (fuerzas franquistas)

      DE ALEMANIA
         Las fuerzas alemanas en España se elevaron como máximo a unos  10.000 hombres,
       aunque  en  mayo  de 1939,  en  el  desfile  de  la Legión Cóndor  en Berlín participaron
       14.000  veteranos.  Los  alemanes  que  ayudaron  a  los  nacionalistas  probablemente
       fueron más de  16.000,  muchos  de  los cuales eran personal civil e  instructores. Unos
       300 alemanes murieron en España.
          Los  alemanes  enviaron unos  600 aviones a España, entre los que se contaban 136
       Messerschmitt 109, 125 Heinkel 51, 93 Heinkel  111 y 63  Junker 52.  Cualquier cálculo
       de la ayuda alemana a Franco debería tener en  cuenta  además la  ayuda prestada en
       las  academias  militares, en el terreno  de  las  comunicaciones y el entrenamiento, así
       como  el  asesoramiento  prestado   en   mil   problemas   pequeños,  pero cruciales, de
       organización militar. El cañón antiaéreo de 88  milímetros también fue una contribución
       importante de Alemania y probablemente impidió que la República  (los comunistas) se

       aprovechara de su superioridad aérea en la primavera de 1937.  

DE ITALIA
          Las  fuerzas  italianas  en  España en su punto máximo sumaban entre  los 40.000  y
       los  50.000  hombres, y  quizás  en  conjunto  pasaron  por  España  un  total de 75.000
       Italianos. En España murieron  más de  4.000  italianos, y  además  Italia perdió tal vez
       la cuarta parte  del  equipo militar  que había  enviado.  Italia  envió a España unos 660
       aviones,  de  los  cuales,  los  más  importantes  fueron  los  350 cazas Fiat CR.32 y los
       100  Savoias  79.  También  había  unos  70 Romeo 37  y 64 Savoia 81. Quizá llegaron
       a España unos  150  tanques italianos,  todos  los  cuales  eran Fiat-Analdo  o  tanques
       lanza  llamas  más  pesados.  También  enviaron  unas  800  piezas de artillerías, 1414
       motores  de  avión,  1672  toneladas  de  bombas,  9   millones  de  cartuchos,   10.000
       ametralladoras y armas automáticas, 240.000 fusiles,  7 millones  de balas de artillería,
       y 7.660 vehículos motorizados.
       DE PORTUGAL, IRLANDA, FRANCIA, ETC.
          Entre las  ayudas de  otros  gobiernos  extranjeros  estuvo  la  de Portugal,  que, por lo
       menos al principio de la guerra, era imposible de calcular, por razones geográficas más
       que militares. Varios miles  de voluntarios  portugueses lucharon en la legión extranjera
       y en algunas  otras  unidades.  Seiscientos  irlandeses  lucharon  con los nacionalistas,
       dirigidos  por  el  general  O`Duffy.  Algunos  franceses de derechas combatieron como
       voluntarios, también algunos latinoamericanos,  unos  cuantos exiliados  rusos  y  otros.
       Pocos anglosajones lucharon en el bando de Franco.

       OTRA AYUDA A LOS NACIONALISTAS
          Unos  75.000  voluntarios  marroquíes,  por  lo  menos,  combatieron  en el bando de
       Franco,  y  tuvieron  un  papel  muy  importante  en los primeros  días de la guerra. Los
       Nacionalistas,  además,  compraron  unos  cincuenta  aviones  a  países  que  no  eran
       Alemania o Italia (unos cuantos Dragón y Foker).



       AYUDA A LA REPÚBLICA (fuerzas comunistas)

      DE RUSIA Y FRANCIA
          La República compró alrededor de 1.000 aviones a Rusia, y quizás 300 a otros países,
       principalmente  a  Francia.  De  éstos,  casi  400  eran  cazas  Chato, casi 300 Mosca, y
       quizá  100  bombarderos  Katiuska,  60  Rasantes  y  113  bombarderos  Natasha.   Los
       principales aviones comprados a Francia fueron los 42 Dewoitine 371, los  40 Potez 54,
       y los 15 Marcel Bloch 210. En total, en Francia se debieron de comprar entre 100 y 150
       aviones.  Otros  aviones  comprados  fueron:  40 Aero 101,  10 Letov,  14 Vultee A1, 11
       Bristol Bulldog, 20 De Havilland Dragon, y  28 Koolhoven Fk51 comprados en Holanda,
      así como una cuadrilla de 40 cazas Grumman, comprados en los Estados Unidos.
          Además  de  900 tanques,  1.550  piezas  de  artillería,  300 carros blindados, 15.000  
      ametralladoras,  30.000  rifles  automáticos,  15.000  morteros,   500.000  fusiles,  8.000
       camiones, junto con 4 millones de proyectiles de artillería, 1.000 millones de cartuchos,
       1.500  toneladas  de  pólvora,  1.386  camiones,  28.000  toneladas   de  gasolina,  450
       toneladas de ropa, 325 de medicinas y 187 tractores entre otros artículos.

   LAS BRIGADAS INTERNACIONALES
           El  número  total  de  extranjeros  que lucharon a favor de la República española fue
        probablemente de  unos  40.000 o 45.000, y, de éstos, alrededor de 35.000 estuvieron
        en las Brigadas Internacionales,  que  probablemente nunca  tuvieron  más  de 18.000
        hombres   en  servicio  al  mismo  tiempo.  Además   debía   de   haber   otros   10.000
        extranjeros,  entre  médicos, enfermeras,  guerrilleros, etc. El mayor grupo nacional de
        voluntarios  lo  constituyeron  los 10.000  franceses,  aproximadamente,   de   los   que
        murieron 1.000.  Alemania  y  Austria  contribuyeron  quizá  con 5.000 hombres, de los
        que murieron 2.000.  El número  de  polacos,  incluidos los ucranianos que, a partir de
        1945 pasarían  a  pertenecer a Rusia, debió ser también de unos 5.000. Además Italia
        con 3.350, los Estados Unidos aportaron  unos  2.800.  De  éstos,  murieron  alrededor
        de 900.  Hubo  unos  2.000  voluntarios  ingleses,  de  los  cuales murieron unos 500 y
        cayeron heridos 1.200, alrededor de 1.000 voluntarios canadienses, 1.500 yugoslavos,
1.000 hungaros, 1.500 checos, y 1.000  escandinavos,  d  los cuales 500 eran suecos.
         Murieron 76 suizos.  Los  demás  voluntarios  procedían,  según  se dijo de 53 países.
 Probablemente lucharon en España 90 mexicanos. 

 FUENTES IMPRESAS

       Hugh Thomas, (1976). La Guerra Civil Española. Barcelona: Grijalbo.


                                         FUENTES ELECTRÓNICAS

       Brigadas Internacionales – Wikipedia la enciclopedia libre.

       Bombardeos en la Guerra Civil Española – Wikipedia la enciclopedia libre.




sábado, 21 de febrero de 2015

La España de la posguerra, 1939 - 1959: aspectos sociales, políticos y económicos.


 La larga dictadura que se instauraba en España tras la finalización de la Guerra Civil y por el largo periodo cronológico que ocupa, se divide en dos partes claramente diferenciadas. La que nos ocupa, desde el final de la guerra hasta el final de la década de los años cincuenta viene marcada por tres apartados que son los siguientes:

a) La política interior desplegada por el Régimen nacido de la Guerra Civil.
b) La autarquía económica, propuesta económica marcada por una etapa de carencias y necesidades de la sociedad española.
 c) El aislacionismo a que se someterá el Régimen por parte de las potencias vencedoras de la Segunda guerra mundial.

 En cuanto a aspectos políticos, se tiene que decir que fundamentalmente se plantea un objetivo básico: el desmantelamiento de toda la obra llevada a cabo por la II República, su constitución quedó abolida y se estableció un rígido control policial e ideológico de la sociedad española donde se reprimía cualquier crítica al nuevo régimen o la defensa de los principios democráticos. Se llevó a cabo una progresiva concentración del poder: en 1939, Franco, controlaba en su persona la Jefatura del Estado, la Jefatura del Gobierno, la del Partido único, la de Las Fuerzas Armadas y el Poder Legislativo. Los primeros años fueron de una represión especialmente dura sobre los vencidos.

 En 1940 permanecían en las cárceles españolas unos 300.000 presos políticos. Las Universidades, la Enseñanza, la administración Pública y las grandes empresas privadas, fueron depuradas de las personas sospechosas de haber sido adictas a la república o a los partidos y sindicatos obreros. A partir de 1942 comenzaron a crearse las bases legales del Franquismo. Se constituyeron en ese año las Cortes Generales, formadas por altos cargos de la Falange, dirigentes de la organización sindical, alcaldes, etc. Franco seguía teniendo la potestad para dictar leyes. En 1945 se promulgaron el Fuero de los Españoles y la Ley de Referéndum Nacional y, en 1947 el Fuero del Trabajo. La más importante fue la Ley de Sucesión, que se promulgó en diciembre de 1947, en la que determinaba que España era un reino pero al mismo tiempo realzaba el carácter vitalicio de la jefatura de Franco, quien además, tenía la potestad de elegir a la persona que le sucedería, bien como Rey, bien como regente. Se trataba por tanto, de una nueva monarquía nacida del alzamiento nacional del 18 de julio de 1936 y no de la restauración de la monarquía anterior.

En el terreno económico, España atravesó durante estos años por un período de miseria y atraso, que amplió las diferencias existentes con los países de Europa Occidental al quedar España marginada del Plan Marshall, es decir, de las ayudas de EE.UU. para la reconstrucción de la economía europea tras la finalización de la guerra mundial.

La nueva política económica se caracterizó por la Autarquía y el Estatalismo, en consonancia con los regímenes homólogos de la Alemania Nazi y de la Italia fascista que habían sido países influyentes en la victoria de las fuerzas nacionales frente a la legalidad republicana. Autarquía, porque Franco deseaba aumentar la producción de la economía española y reducir las importaciones para crear empleo. Estatalismo, en cuanto a que sectores económicos importantes pasaron a manos del Estado: los ferrocarriles, la comercialización del trigo, el control de los precios de los artículos de consumo y, finalmente, la creación en 1941, del Instituto Nacional de Industria, que debería potenciar el crecimiento industrial. Todas estas medidas fueron ineficaces.

La política agraria fue un desastre, a lo que se unió la sequía del 46: los rendimientos agrícolas bajaron respecto al período republicano y las cosechas fueron insuficientes. Esto hizo que los alimentos básicos estuvieran racionados, situación que perduró hasta 1951 y que dio origen al Mercado Negro, el famoso Estraperlo. La falta de capital y de tecnología dio lugar a una industria atrasada y limitada, lo que no impedía los grandes beneficios empresariales a causa de los bajos salarios. La consecuencia de esta precaria situación, que duró más de un decenio, fue que la renta per cápita española, no alcanzó el nivel que había tenido en 1935 hasta 1952. Pero también, la autarquía, en cierta medida llegó impuesta por el aislamiento a que se somete al país a partir de la finalización de la guerra mundial.

En diciembre de 1946, la ONU emitió una resolución que condenaba el régimen de Franco y proponía que los embajadores acreditados en Madrid abandonaran el país, cosa que hicieron la mayoría de ellos. La resolución de Naciones Unidas realzaba el carácter fascista del régimen y su vinculación a la Alemania nazi y a la Italia de Mussolini, aparte, su imposición violenta sobre el pueblo español por medio de la guerra, y recomendaba su expulsión de todos los organismos internacionales. Mientras tanto, Franco intentaba cambiar la imagen del régimen, para hacerla más presentable a los ojos externos, eliminando aquellas cosas que recordaban excesivamente el fascismo: supresión del saludo fascista, amnistía parcial para los detenidos políticos, promulgación del llamado Fuero de los Españoles, que pretendía ser una declaración de los derechos cívicos, aunque eran tan limitados que no podían ser homologados como las libertades de cualquier país democrático. Pero lo más importantes para este cambio de imagen fue el nombramiento de un nuevo Gobierno, en el que participaron destacados católicos, con el fin de limitar parcialmente el predominio de los falangistas. El Régimen había contado desde 1936 con el apoyo de un sector importante de la Iglesia Católica.

 La incorporación a las tareas de Gobierno de varios políticos católicos fue decisiva para obtener el apoyo del Vaticano , muy valioso en aquellos años. Finalmente, el desarrollo de la Guerra Fría entre los antiguos aliados va a convertir al Régimen de Franco en un posible aliado frente al enemigo del este de Europa encarnado en el viejo enemigo del régimen, la URSS. La Guerra Fría y como consecuencia de ella, los acuerdos con los EE.UU. y los acuerdos con la Santa Sede, suponen un antes y un después del régimen franquista.

España, a cambio de la cesión de bases militares, obtenía ayuda económica, pero lo fundamental era que, de esta manera, se rompía el aislamiento y se incorporaba oficialmente al mundo occidental. Los EE.UU. ayudaron en el ingreso de España en los organismos internacionales, culminando con la entrada en la ONU en 1953, poniendo fin al aislamiento de los años anteriores.

En el terreno social se procuró mejorar la situación de las clases trabajadoras con la introducción de los seguros sociales y estabilidad en el empleo, aunque se les siguieron negando las libertades sindicales y reprimiendo cualquier movimiento reivindicativo, del mismo modo que se les negaban a todos los españoles las libertades políticas.


Durante esta época, la producción mejoró con respecto al decenio anterior, superando la miseria de la década de los cuarenta. No obstante, hubo lagunas importantes que, al final de los años cincuenta condujeron al país a la bancarrota, lo que propició un nuevo y radical cambio en la política económica franquista. Los problemas crónicos eran la inflación y el déficit comercial con el exterior. Para combatirlos se llevó a cabo una de las mayores novedades del Régimen: El Plan de Estabilización de 1959. Con él se inició una política económica encaminada a la apertura exterior y a la modernización que caracterizará al país en la década de los años sesenta.

Carla Rosales
Literatura Española II
Sección: 002