jueves, 8 de diciembre de 2016

Generación del 98


LA GENERACIÓN DEL 98

    
      La denominación Generación del 98 alude a un grupo de escritores que, en su juventud, expresaron su profundo desagrado ante la sociedad de la Restauración y proclamaron la necesidad de una regeneración social, cultural y estética.
     El poeta español José Martínez Ruiz “Azorín” fue quien propuso esta denominación en unos artículos de 1913 para designar a un grupo de escritores (poetas, novelitas, ensayistas y dramaturgos) que empezaron a publicar sus obras en los últimos años del siglo XIX. Todos eran amigos entre sí, se caracterizaban por su espíritu de protesta y su profundo amor al arte.

    Ahora bien, los factores socio políticos como el fracaso del sistema de la restauración monárquica, (era un sistema político corrupto en el que los 2 partidos más grandes se repartían el poder por turnos de 5 años). Bajo un gobierno de este sistema aconteció el desastre de 1898 (la guerra colonial que enfrentó a España contra las colonias y Estados Unidos, que las apoyó), es decir, la pérdida de las últimas colonias: Cuba, Puerto Rico y Filipinas. Lo que produjo una reacción de protesta en contra del sistema pues se asoció  el fracaso colonial con atraso sociocultural y político de España.

     Los autores del 98 deseaban regenerar a España, aunque al final de sus vidas admiten la imposibilidad del proyecto y defienden los valores de la tradición hispánica triunfadora (tiempos del Imperio y la Reconquista) frente a la mediocridad del presente.
      

    Todos estos autores intentaron, en uno u otro momento de sus vidas, transformar la vida española. Advirtieron de la necesidad de una regeneración social y cultural en España que permitiera al país superar su decadencia. Lo cierto es que estos autores no fueron capaces de proponer soluciones, pero cumplieron con su objetivo de hacer comprender al lector  la necesidad de un cambio.
  
                                                                                                                          Emily Boxil

      Generación del 98: www.unaspinceladassobreantoniomachado.wordpress.com
MODERNISMO: CONCEPTOS Y RASGOS.

CARMEN ATENCIO

            En la última década del siglo xix, señalaron el advenimiento de una revolución literaria que abarcó a todos los pueblos del habla española en el Nuevo Mundo y que posteriormente se extendió hasta España. El nombre que se le aplicó a ese movimiento fue modernismo que, a pesar de su discutible propiedad ha subsistido en la historia literaria.
            En la segunda mitad de la Europa Occidental del siglo xix surgieron muchas tendencias renovadoras, tanto en la literatura como en arte y estos movimientos que se promovieron en distintos países reciben el nombre de: simbolismo, prerrafaelismo, impresionismo, que en ningún momento se había pretendido agruparlos bajo el nombre de modernismo.
            La palabra modernismo fue empleada para señalar el movimiento de renovación literaria en la América española. Más tarde la misma palabra se aplicó y tuvo vigencia en distintos idiomas Europeos, hasta se manifestó dentro del catolicismo.
            El movimiento modernista obedeció a diversas tendencias del período posromántico, similares a los que se había manifestado en otras literaturas.
            El modernismo fue ante todo un movimiento de reacción contra los excesos del romanticismo y contra las limitaciones y el criterio estrecho del retoricismo seudoclásico.   
            El modernismo tuve como punto de partida un auge negativo, en primer lugar, debía rechazar las normas y las formas que no se avinieran con las tendencias renovadoras y en cambio, el viejo retoricismo que prevalecía en la literatura española de aquel momento. En segundo lugar, modernista debía ser todo lo que volvía la espalda a los viejos cánones y a la vulgaridad de la expresión.
            Entonces, el modernismo es el eco de todas las tendencias literarias que predominaron en Francia a lo largo del siglo xix, el parnasismo, el simbolismo, el realismo, el naturalismo, el impresionismo y para completar el cuadro el romanticismo cuyos excesos combatía.
            La reacción modernista no iba, pues, contra el romanticismo en su esencia misma, sino en contra de sus excesos y sobre todo contra la vulgaridad de la forma y la repetición de lugares comunes e imágenes manidas, ya cuñadas en forma de clisés.
            El modernismo rompió los cánones del retoricismo seudoclásico que mantenía arremetido al verso dentro de un reducido número de metros y combinaciones. Se aumentó el número de versos, tanto simples como compuestos, surgieron metros de diez, once, doce, quince, o más sílabas y nuevas combinaciones métricas entre ellas la que empleó Rubén Darío.
            Dentro del modernismo puede apreciarse dos etapas, en primer lugar, el culto preciosista de la forma favorece el desarrollo de una voluntad de estilo que culmina en refinamiento artificioso y en amaneramiento. Se imponen símbolos elegantes como: el cisne, el pavo real, el lis, se hacen malabarismos con los colores y las gemas y todo lo que hiera los sentidos. En segundo lugar, se realiza un proceso inverso dentro del cual, a la vez que el lirismo personal alcanza manifestaciones intensas ante el eterno de la vida y de la muerte, el ansia de lograr una expresión artística cuyo sentido fuera americano.

            Ureña, Max Henríquez. 1ra edición. (1954). Breve Historia del Modernismo. Editorial, Fondo de Cultura Económica, México.
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miércoles, 7 de diciembre de 2016

CRISIS ESPAÑOLA DEL 98



Yoraily Arevalo

     La Restauración es una etapa de estabilidad de la Historia de España que se extiende desde el año 1874, en el se restablece la monarquía borbónica tras la Primera República. 
      A finales sel siglo XIX, el sistema de la Restauración se vio sacudido por una fuerte crisis, provocada por la guerra colonial y la perdida de los últimos restos del imperio ultramarino. Paralelamente, España se vio envuelta en una crisis interna, fruto de lo que los coetáneos denominaron el "Desastre" que, acabo reorientando las lineas de la política española.
     La Guerra hispano-estadounidense (Spanish–American War en inglés), denominada comúnmente en España como Guerra de Cuba o Desastre del 98, en Cuba como Guerra hispano-cubano-norteamericana, y en Puerto Rico como Guerra hispanoamericana, fue un conflicto bélico que enfrentó a España y a los Estados Unidos en 1898, resultado de la intervención estadounidense en la guerra de Independencia cubana.


 Las causas de la crisis del 98

     A finales del siglo XIX, España vivió una profunda crisis que tuvo como detonante las guerras de independencia colonial en Cuba (1895-1898) y Filipinas (1896-1898).
El origen del conflicto estuvo en la inadecuada política colonial española y en los intereses expansionistas de Estados Unidos. Cuba era una colonia española. España se sentía ligada a Cuba por vínculos sentimentales muy fuertes: eran los últimos restos de un gran imperio y muchos cubanos descendían de españoles. Pero no eran menos fuertes los intereses económicos. En tres productos se basaba la economía cubana: azúcar, café y tabaco. Era la principal exportadora mundial de azúcar y también productora de café y tabaco. España monopolizaba el mercado colonial en su beneficio.

     A finales del siglo XIX estallaron en Cuba varias insurrecciones para lograr la independencia de España. Entre los líderes cubanos independentistas destacó José Martí, político y escritor cubano, hijo de españoles. Estas revueltas culminaron en 1895 con el estallido de la guerra de la independencia cubana. ---Entre las fuerzas políticas españolas existían tres posiciones claramente diferenciadas: la unionista –defendida por los dos partidos del régimen, que consideraba que era tierra española-, la autonomista –inclinada a conceder cierta autonomía, postulada por un sector del partido liberal y por los nacionalistas catalanes, vascos etc., y la independentista, aceptada por los republicanos. Pero entró en juego otro factor: Estados Unidos.

     Fundamentalmente fueron motivos económicos –comerciales e industriales- los que motivaron a Estados Unidos a intervenir en este conflicto: las minas y en las plantaciones de azúcar cubanas. Entonces Cuba era la primera productora de azúcar del mundo y el 90% de su producción se exportaba a Estados Unidos. Contaba además el interés geoestratégico norteamericano en afianzar el control militar sobre el mar Caribe y Centroamérica. El pretexto de Estados Unidos para declarar la guerra a España fue la voladura del acorazado estadounidense Maine fondeado en el puerto de La Habana. El Maine sufrió una explosión y se hundió en las aguas del puerto. ¿Quién había sido el responsable? ¿Se trataba de un accidente o de un sabotaje? Sin pruebas contrastadas, una comisión estadounidense atribuyó la responsabilidad del hecho al gobierno español. Así encontraron una justificación para la guerra. Tras varias semanas de investigaciones y de tensión creciente entre los dos países el 25 de abril de 1898 el Congreso de Estados Unidos declaró formalmente la guerra a España. Aun así, antes de esa fecha, antes de llegar al conflicto, Estados Unidos hizo una oferta de compra de la isla por 300 millones de dólares. Estados Unidos ofreció su apoyo a los sectores independentistas, proporcionando material y armamento a los rebeldes cubanos. La inferioridad naval española frente a la estadounidense era evidente.

     El enfrentamiento bélico provocó la pérdida de las dos flotas hispanas, la del Pacífico y la del Atlántico. Paralelamente a esta guerra, Filipinas también intentó lograr la independencia de España. El levantamiento fue encabezado por José Rizal, escritor de novelas y fundador de la Liga Filipina. Esta insurrección fue duramente reprimida y se produjo el fusilamiento de su líder, pero finalmente consiguieron la independencia de España. Los norteamericanos desembarcaron sucesivamente en Filipinas, Cuba y Puerto Rico. Puerto Rico y Filipinas sirvieron de excelente base militar para Estados Unidos.

Dibujo Satírico publicado en 1896 en el diario catalán La Campana de Gracia, criticando la actitud de EE.UU. hacia cuba

Consecuencias de la crisis del 98 en España
     
     Finalmente, consumada la derrota militar española, el conflicto concluyó en diciembre de 1898 con el Tratado de París por el que Puerto Rico, Filipinas y la isla de Guam (en el archipiélago de las Marianas) fueron cedidas a Estados Unidos. Cuba alcanzó la independencia, aunque de hecho quedó bajo “protección” estadounidense hasta mediados del siglo XX. Según este tratado, España cedió a Estados Unidos la isla de Puerto Rico (actualmente, estado asociado de Estados Unidos), Filipinas (que sólo consiguió su independencia en la tardía fecha de 1946) y la isla de Guam en el Pacífico (todavía hoy pertenece a Estados Unidos). Más que un tratado de paz, el documento firmado en París fue una capitulación impuesta por el vencedor al vencido. La delegación española confiaba en salvar la independencia de sus antiguas posesiones. Pero la delegación americana exigió la anexión de todos los territorios perdidos por España. Así, se plasmó la ley del más fuerte y supuso el principio de la expansión oceánica de Estados Unidos. Y es que el gobierno español se lanzó a una guerra para la que no estaba preparado.

     La pérdida del imperio español se completó con la venta a Alemania del resto de las Marianas, del archipiélago de las Carolinas y de las Palaos por 20 millones de pesetas, hecho que confirmó el proceso de redistribución colonial que estaba llevando a cabo a favor de las grandes potencias. La pérdida de los últimos restos del imperio generó graves repercusiones que trascendieron el ámbito militar y económico y se prolongaron hasta el siglo XX.

     La guerra había sido breve pero las repercusiones en España fueron intensas y duraderas. En primer lugar, surgió en gran parte del pueblo español un sentimiento de derrota, de trauma nacional, de desmoralización e impotencia. La incertidumbre alcanzó incluso a la prensa de la época que llegó a temer un ataque y ocupación de las islas Canarias. En España, las pérdidas económicas alteraron las finanzas, la Hacienda pública y los precios, cuyo encarecimiento afectó a los sectores más humildes de la sociedad. Éstos soportaron también las pérdidas humanas del conflicto, ya que las clases acomodadas se libraron del servicio militar mediante un pago en metálico. Esta guerra supuso el fin de prósperos negocios españoles en la isla. Si bien no generó una crisis política inmediata, el desastre colonial colaboró a la desintegración del régimen de la Restauración, según algunos historiadores. Inmediatamente se desató la polémica de la responsabilidad de la derrota. Parecía inevitable revisar un estilo de gobierno (alternancia de partidos, oligarquía caciquil…).
  
     El Desastre del 98 contribuyó a potenciar los movimientos regionalistas y nacionalistas. Por último, la pérdida del imperio provocó una crisis cultural de gran trascendencia, de la que ha dejado testimonio la Generación del 98 y el surgimiento de una conciencia crítica que desde una perspectiva intelectual, exigía una profunda regeneración política, económica e ideológica de la vida española. Se cuestionaban no sólo los cimientos de la Restauración, sino, incluso, la propia identidad de España. Muchos escritores e intelectuales se sintieron unidos en el intento de sacudir la conciencia de un país dormido, en expresión de Unamuno. Fueron Unamuno, Azorín, Baroja, Antonio Machado, Valle Inclán y Maeztu como figuras más relevantes. El aragonés Joaquín Costa fue la figura cumbre del Regeneracionismo político, quien denunció la lacra del caciquismo con violencia extrema. Su lema era “escuela y despensa”, válido para cualquier gobierno, condensó las dos preocupaciones claves de todos los regeneracionistas. España quedó como un pequeño país sin relevancia internacional de cuyo vasto y fabuloso imperio sólo quedaban algunos enclaves en África.
En conclusión, el año 1898 fue una fecha crítica en nuestra historia por la pérdida de las colonias, por la derrota militar, pero aún más por la honda repercusión colectiva y el examen de conciencia que el Desastre despertó en la sociedad española.

Buque Español Cristobal Colon. Destruido en la batalla de Santiago el 3 de Julio de 1898

lunes, 21 de noviembre de 2016

INDIVIDUALISMO ROMÁNTICO


          El deseo de libertad es una de las características principales del héroe romántico quien manifiesta su oposición al absolutismo, a las normas concebidas en la sociedad y en el deseo de manifestarse libremente. Surge una nueva concepción del mundo: por encima de cualquier otra realidad está el “yo”, el hombre romántico es un ser caracterizado por su egocentrismo, se cree el centro del universo. En las novelas o obras poéticas los románticos se expresan a través de de temas como la frustración vital amor no correspondido, la soledad, tristeza, melancolía y hasta la desesperación.

 Se trata prácticamente de expresar su estado anímico, sus propias emociones, sus sentimientos. Sin embargo el choque entre sus ideales y la realidad hacen que el romántico se encuentre insatisfecho con el mundo circundante, ya que proclama su derecho a expresarse, el derecho del individuo frente a la sociedad y al observar la realidad se aparta de lo que lo rodea, se refugia en el ensueño, la fantasía, se cobija en un hondo sentimiento de vacío y soledad que lleva al romántico hacia la melancolía, el pesimismo, y la desesperación ante la imposibilidad de lograr la felicidad en una sociedad con la que está en desacuerdo. Y finalmente llevados por estos sentimientos, acaban con su vida.

El individualismo romántico se traduce en una literatura plagada de emociones y sentimientos subjetivos, como el amor sentimental, el amor pasional, el sentimiento amoroso de la mujer, entre otros.

domingo, 13 de noviembre de 2016

Yoraily Arèvalo 

ROMANTICISMO ESPAÑOL

     En España, el romanticismo es considerado complejo y confuso, con grandes contradicciones que comprenden desde la rebeldía y las ideas revolucionarias hasta el retorno a la tradición católico-monárquica. Lo cierto es que España fue un tema romántico para europeos de todas las tendencias ideológicas, pero en su propia literatura fue poco, y en ocasiones ranciamente convocado. Respecto a la libertad política, algunos la entendieron como una mera restauración de los valores ideológicos, patrióticos y religiosos que habían deseado suprimir los racionalistas del siglo XVIII. Exaltan, pues, el Cristianismo, el Trono y la Patria, como máximos valores. Entre sus representantes mas influyentes podemos mencionar a José de Espronceda, Mariano Josè de Larra, Josè Zorrilla, Gustavo Adolfo Bècquer, entre otros
     
    En el romanticismo español se repiten casi de manera idéntica las subdivisiones ideológicas del romanticismo francés, y al igual que en ese país, es en el teatro donde comienza la revuelta romántica. Es el héroe romántico por excelencia, que incorpora signos propios del romanticismo-. la cárcel y el monasterio-convento, pero también las escenas de exaltación del color local. El recuerdo de viejas leyendas nacionales es uno de los motivos principales del romanticismo español.

     Durante la Década Ominosa en España (1823-1833) vuelve a instaurarse un régimen absolutista, y quedan suspendidas todas las publicaciones periódicas, las universidades cerradas y la mayoría de las principales figuras literarias y políticas en el exilio; el principal núcleo cultural español se sitúa, sobre todo, en Gran Bretaña y Francia. Desde allí, periódicos como Variedades, de Blanco White, contribuyeron a fomentar las ideas del Romanticismo entre los exiliados liberales, que paulatinamente fueron abandonando la estética del Neoclasicismo.
  En la segunda década del siglo XIX, el diplomático Juan Nicolás Böhl de Faber publicó en Cádiz una serie de artículos entre 1818 y 1819 en el Diario Mercantil a favor del teatro de Calderón de la Barca contra la postura neoclásica que lo rechazaba. Estos artículos suscitaron un debate en torno a los nuevos postulados románticos y, así, se produciría un eco en el periódico barcelonés El Europeo (1823-1824), donde Buenaventura Carlos Aribau y Ramón López Soler defendieron el Romanticismo moderado y tradicionalista del modelo de Böhl, negando decididamente las posturas neoclásicas. En sus páginas se hace por primera vez una exposición de la ideología romántica, a través de un artículo de Luigi Monteggia titulado «Romanticismo»

El Romanticismo penetra en España por Andalucía y por Cataluña:
  • En Andalucía: El cónsul de Prusia en CádizJuan Nicolás Böhl de Faber, padre de la novelista "Fernán Caballero" (seudónimo de Cecilia Böhl de Faber y Larrea), publicó entre 1818 y 1819 en el Diario Mercantil gaditano, una serie de artículos en los que defendía el teatro español del Siglo de Oro, tan atacado por los neoclasicistas. A él se enfrentaron José Joaquín de Mora y Antonio Alcalá Galiano, empleando para ello argumentos tradicionalistas, antiliberales y absolutistas. Las ideas de Böhl de Faber eran para ellos inaceptables (pues seguían aferrados a la Ilustración), pese a que representaban la modernidad literaria europea.
  • En CataluñaEl Europeo fue una revista publicada en Barcelona entre 1823 y 1824 por dos redactores italianos, un inglés y los jóvenes catalanes Bonaventura Carles Aribau y Ramón López Soler. Dicha publicación defendió el Romanticismo moderado y tradicionalista siguiendo el modelo de Böhl, negando totalmente los valores del neoclasicismo. En sus páginas, se hace por primera vez una exposición de la ideología romántica a través de un artículo de Luigi Monteggia titulado Romanticismo.
Escultura dedicada a Bécquer, en Sevilla

JOSÈ DE ESPRONCEDA





     Nació en 1808, en AlmendralejoBadajoz. Fundó la sociedad secreta de Los numantinos, cuya finalidad era "derribar al gobierno absoluto" vengando así el ahorcamiento y posterior mancillamiento del cadáver de Rafael del Riego. Sufrió reclusión por ello. Huye a Lisboa a los dieciocho años y se une con los exiliados liberales. Allí conoce a Teresa Mancha, mujer con la que vivió en Londres. Tras una actuación política agitada, vuelve a España en 1833. Lleva una vida disipada, plagada de lances y aventuras, por lo que Teresa Mancha lo abandona en 1838. Estaba a punto de casarse con otra amada, cuando en 1842 fallece en Madrid.
Batallas, tempestades, amoríos,
por mar y tierra, lances, descripciones
de campos y ciudades, desafíos
y el desastre y furor de las pasiones,
goces, dichas, aciertos, desvaríos,
con algunas morales reflexiones
acerca de la vida y de la muerte,
de mi propia cosecha, que es mi fuerte.
     Espronceda cultivó los principales géneros literarios, como la novela histórica, con Sancho Saldaña o El castellano de Cuéllar (1834), el poema épico, con El Pelayo, pero sus obras más importantes son las poéticas. Publicó Poesías en 1840 tras volver del exilio. Son una colección de poemas de carácter desigual que reúne poemas de juventud, de aire neoclásico, junto con otros del romanticismo más exaltado. Estos últimos son los más importantes, en los que engrandece a los tipos más marginales: «Canción del pirata», «El verdugo», «El mendigo», «Canto del cosaco». Las obras más importantes son El estudiante de Salamanca (1840) y El diablo mundo.

Mariano JOSÉ DE LARRA
Sin duda alguna, uno de los escritores más conocidos del romanticismo español, junto con Bècquer, Espronceda o Rosaía de Castro. Larra fue un febril escritor que destacó por su ironía, mordacidad y capacidad crítica en todo tipo de escritos, ensayos y artículos periodísticos. Entre sus artículos más conocidos están Vuelva usted mañanaEl castellano viejo o El casarse pronto y mal. Entre sus novelas, destacamos El doncel don Enrique el Doliente y Hernani o el honor castellano.

JOSÉ ZORRILLA
     Nació en Valledolic en 1817 y murió en Madrid en 1893: A los doce años comenzó a escribir en verso. A los veinte años leyó unos versos en el entierro de Larra, con lo que se dio a conocer como poeta ante un publico formado por los mejores escritores del momento. Fue miembro de la Real Academia de la lengua y reconocido oficialmente como un gran poeta. Zorrilla utiliza temas de la historia nacional. Sus obras las escribe exclusivamente en verso. Escribió la obra mas representativa del teatro romántico y la mas representada en los teatros: DON JUAN TENORIO famoso aventurero y conquistador de mujeres, una recreación de la inolvidable figura de don Juan, ya elaborada por Tirso de Molina. Cultivó todos los estilos de la poesía: épico, lírico y dramático. También destacó sobremanera como dramaturgo, con obras tan conocidas El zapatero y el reyEl puñal del godo y Traidor, inconfeso y mártir.
GUSTAVO ADOLFO BÉCQUER
Uno de los escritores del romanticismo (en este caso de su período tardío) más conocidos y reconocidos, aunque algunos ya le clasifican dentro del posromanticismo. No tuvo éxito en vida y solo tras su muerte se reconoció su talento. Algunas de sus obras más emblemáticas son sus Rimas y LeyendasCartas desde mi celda o Libro de los gorriones.

ROSALÍA DE CASTRO
     Fue una novelista y poetisa gallega nacida en Santiago de Compostela que escribió en castellano y gallego, y ayudó a devolver el gallego la entidad y arraigo del que carecía. Entre sus obras más destacadas podemos mencionar obras maestras de la literatura gallega, española y mundial, como Cantares gallegos (1863), Follas novas (1880) o, ya en castellano, En las orillas del Sar.
El Romanticismo literario español marcó un antes y un después. Sólo hay que ver el tipo de novelas y cómo pensaba la gente, antes y ahora.

CARACTERÍSTICAS DEL ROMANTICISMO ESPAÑOL:


1.- Escenarios románticos: Naturaleza y ciudad

Los románticos, en su búsqueda del hombre concreto, del individuo, de sus circunstancias, conceden gran importancia al entorno. Dos escenarios son preferidos: la naturaleza y la ciudad.
La naturaleza se presenta, sobre todo, en sus formas agrestes, salvajes. Ya no es el jardín cuidado y geométrico del clasicismo, sino el bosque umbrío y lleno de peligros, las montañas escarpadas y cubiertas de maleza, el  mar bravío.
Hay una complacencia de mostrar el triunfo de la naturaleza sobre el hombre y sus obras: el cementerio con sus sauces llorones, sus tumbas abandonadas, o las ruinas donde trepa la hierba sobre las piedras son el silencioso testimonio de la inutilidad de los esfuerzos humanos. De las horas y las estaciones hay predilección por la noche, la primavera y el otoño. La noche suele presidir al amor con la luna amiga como confidente en las alegrías y los desengaños. Pero otras veces la noche se puebla de espectros, ladridos de perros en una imaginaría típica del terror y lo sobrenatural. 
La primavera es la estación de las ilusiones, el amor primero, de los sueños de gloria. El otoño, en cambio, simboliza el desengaño y la derrota con las hojas caídas como testigo.
El cuanto a las ciudades existe una revalorización de lo sencillo y humilde, por un lado, y del arte medieval, árabe o gótico, por otro. Se escogen ciudades artísticas cargadas de historia y tradición: Toledo, Granada, Sevilla, Madrid.

2.- La fantasía

El romántico quiere romper los límites estrechos de la realidad concreta y remontar el vuelo hacia las regiones inmensas de la imaginación.
Son varios los procedimientos con que la fantasía entra técnicamente en la literatura romántica. En primer lugar, el gusto por el misterio y lo sobrenatural. De otro lado, se buscan situaciones ambiguas, zonas confusas, donde se pierden los límites de lo creíble y lo increíble: presentimientos, voces, apariciones de seres del más allá. O directamente, como ocurre en Zorrilla, se admiten los milagros.
En segundo lugar, se recurre al sueño y la visión, anticipando de alguna manera la exploración del subconsciente. Sueños y visiones aparecen en su vertiente positiva o negativa. El sueño o la visión buena presupone la realización de los deseos, el logro de la felicidad, un buen presagio. En oposición, el sueño malo o pesadilla se combina con el infierno y sus símbolos, el horror, la nada, la muerte.

3.- Caracterización de los personajes

Los románticos han creado más “tipos” que caracteres. De esta forma el personaje romántico tiende a ser de una sola pieza, sin inflexiones, como determinado por su esencia a una actitud.
El héroe romántico responde un poco a la concepción byroniana: apasionado, orgulloso, enamorado, perseguido por la fatalidad, escéptico, caballeroso y básicamente noble. Se encarna en diversas profesiones sociales: el trovador medieval, galante y soñador; el noble, fiero en la guerra y fino en el amor; el bandolero generoso; el viajero desconocido y lejano que oculta una historia misteriosa; el templario o el fraile.
En el extremo opuesto, el antihéroe es el tirano insensible, frío, calculador, despiadado con los que persigue; los representantes de una autoridad inflexible y ciega, sea el padre que se empeña en marcar el destino de su hija, sea el noble despótico y encerrado en sus privilegios.

D) El lenguaje

El romanticismo cambió radicalmente los procedimientos expresivos. Eliminó, en primer lugar, el sistema de referencias neoclásicas, acabando con la moda de designar fenómenos naturales o humanos mediante denominaciones mitológicas griegas: aire y viento sustituyen a Eolo, amor a Venus, Dios a Júpiter.
Por otro lado, dentro del principio sagrado de libertad, se rechaza la distinción entre palabras nobles y plebeyas, de palabras que se pueden y que no se pueden usar. Toda palabra tiene lugar en el texto si es necesaria.
Pero si algo define el nuevo estilo es el énfasis. Abundan los signos de interrogación y exclamación, los puntos suspensivos, la hinchazón retórica. Nada se puede decir con sencillez, todo ha de ir envuelto en el exceso verbal.

miércoles, 9 de noviembre de 2016

Romanticismo

Carmen Atencio


Héroe Romántico

El héroe romántico personifica todas las características del propio romanticismo. Es un personaje que se sitúa en la más absoluta ambigüedad, deseando fervientemente el favor y la admiración de sus contemporáneos y a la vez despreciando la sociedad en que se mueve.

El héroe romántico, al contrario que otros, desea fervientemente la heroicidad, la busca de forma consciente y premeditada. Normalmente, las novelas románticas nos presentan a un protagonista que se lanza decidido en pos de su destino, que él considera heroico, muchas veces con la intención de imitar a algún referente o ídolo al que admira. No es de extrañar que sea Alonso Quijano, el Quijote, el modelo más repetido por los héroes del romanticismo.

Otro referente que podríamos citar es de los profetas religiosos. El héroe romántico, de hecho, comparte con ellos muchos caracteres. Es, por ejemplo, un ser solitario, que de alguna manera se cree en posesión de una verdad incapaz de ser comprendida por sus contemporáneos, y es a su vez incapaz de darla a entender. Es, y también se siente, a decir verdad, un genio, y genio es una palabra que alcanza su actual importancia justo ahora, en la época romántica. El héroe romántico es como un artista genial que se siente por encima, o tal vez por delante, de su tiempo, y aunque la sociedad en la que vive no aprecie lo que hace o en lo que cree, él sí, y prefiere vivir marginado y solitario antes que renunciar a su ideal.

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Ilustración de la aventura de los galeotes, Gustave Doré. 

 El héroe romántico | La guía de Lengua http://lengua.laguia2000.com/literatura/el-heroe-romantico. (2010)