jueves, 8 de diciembre de 2016

MODERNISMO: CONCEPTOS Y RASGOS.

CARMEN ATENCIO

            En la última década del siglo xix, señalaron el advenimiento de una revolución literaria que abarcó a todos los pueblos del habla española en el Nuevo Mundo y que posteriormente se extendió hasta España. El nombre que se le aplicó a ese movimiento fue modernismo que, a pesar de su discutible propiedad ha subsistido en la historia literaria.
            En la segunda mitad de la Europa Occidental del siglo xix surgieron muchas tendencias renovadoras, tanto en la literatura como en arte y estos movimientos que se promovieron en distintos países reciben el nombre de: simbolismo, prerrafaelismo, impresionismo, que en ningún momento se había pretendido agruparlos bajo el nombre de modernismo.
            La palabra modernismo fue empleada para señalar el movimiento de renovación literaria en la América española. Más tarde la misma palabra se aplicó y tuvo vigencia en distintos idiomas Europeos, hasta se manifestó dentro del catolicismo.
            El movimiento modernista obedeció a diversas tendencias del período posromántico, similares a los que se había manifestado en otras literaturas.
            El modernismo fue ante todo un movimiento de reacción contra los excesos del romanticismo y contra las limitaciones y el criterio estrecho del retoricismo seudoclásico.   
            El modernismo tuve como punto de partida un auge negativo, en primer lugar, debía rechazar las normas y las formas que no se avinieran con las tendencias renovadoras y en cambio, el viejo retoricismo que prevalecía en la literatura española de aquel momento. En segundo lugar, modernista debía ser todo lo que volvía la espalda a los viejos cánones y a la vulgaridad de la expresión.
            Entonces, el modernismo es el eco de todas las tendencias literarias que predominaron en Francia a lo largo del siglo xix, el parnasismo, el simbolismo, el realismo, el naturalismo, el impresionismo y para completar el cuadro el romanticismo cuyos excesos combatía.
            La reacción modernista no iba, pues, contra el romanticismo en su esencia misma, sino en contra de sus excesos y sobre todo contra la vulgaridad de la forma y la repetición de lugares comunes e imágenes manidas, ya cuñadas en forma de clisés.
            El modernismo rompió los cánones del retoricismo seudoclásico que mantenía arremetido al verso dentro de un reducido número de metros y combinaciones. Se aumentó el número de versos, tanto simples como compuestos, surgieron metros de diez, once, doce, quince, o más sílabas y nuevas combinaciones métricas entre ellas la que empleó Rubén Darío.
            Dentro del modernismo puede apreciarse dos etapas, en primer lugar, el culto preciosista de la forma favorece el desarrollo de una voluntad de estilo que culmina en refinamiento artificioso y en amaneramiento. Se imponen símbolos elegantes como: el cisne, el pavo real, el lis, se hacen malabarismos con los colores y las gemas y todo lo que hiera los sentidos. En segundo lugar, se realiza un proceso inverso dentro del cual, a la vez que el lirismo personal alcanza manifestaciones intensas ante el eterno de la vida y de la muerte, el ansia de lograr una expresión artística cuyo sentido fuera americano.

            Ureña, Max Henríquez. 1ra edición. (1954). Breve Historia del Modernismo. Editorial, Fondo de Cultura Económica, México.
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1 comentario:

  1. Muy bien. Sólo falta corregir un par de gazapos. Leelo bien y los verás.

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